· 16 Enero 2019

Interacción entre el estado del bienestar y la familia: un análisis histórico para afrontar el futuro

Por Concepcion Patxot Cardoner

El envejecimiento de la población es, sin duda, uno de los grandes retos a los que se enfrentan las sociedades avanzadas en el futuro próximo. La drástica caída de la natalidad en las últimas décadas, junto con el incremento notable y continuo de la esperanza de vida en los dos últimos siglos, configuran una transición demográfica que conduce, inexorablemente, a un significativo cambio en la composición de la población por edades: el peso de las generaciones de mayor edad será cada vez mayor. Si bien la cada vez mayor longevidad es un gran logro social, sus posibles efectos sobre el nivel de vida y bienestar son motivo de gran preocupación.

Si queremos afrontar con éxito el reto del envejecimiento poblacional, es necesario repensar muchas de las actuales estructuras de organización social. Para comprender por qué, es útil comenzar por analizar la estructura del ciclo vital de las personas. Desde un punto de vista estrictamente económico, en función de si son capaces de generar los recursos necesarios para satisfacer sus necesidades en cada momento, se pueden distinguir tres etapas en la vida de una persona: infancia, edad activa y vejez. Durante la primera y la última, dada la incapacidad de generar rentas con las que financiar sus necesidades de consumo, se hace necesario algún mecanismo de redistribución de recursos o bien intertemporalmente o bien entre generaciones, lo que comúnmente se denominan transferencias intergeneracionales.

Estos mecanismos pueden ser de tres tipos. Por una parte, los propios individuos podrían utilizar el mercado para redistribuir sus recursos a lo largo de su vida (ahorrar para la vejez o, hipotéticamente pedir un préstamo mientras se es joven). Por otra parte, otras dos instituciones pueden redistribuir los recursos entre las diferentes generaciones: la familia (mediante transferencias privadas, principalmente familiares) y el sector público (pensiones a los mayores y educación a los niños). Si bien en las sociedades tradicionales el mecanismo más importante era el de las transferencias familiares, a lo largo del siglo XX la mayoría de países desarrollaron y consolidaron el denominado Estado del Bienestar, en el cual el sector público pasa a tener un papel importante en la redistribución de recursos.

Representación esquemática del ciclo vital de las personas desde el punto de vista económico. Mientras el consumo a lo largo de la vida de una persona es siempre positivo, la capacidad para generar rentas del trabajo se limita a la edad activa, lo que provoca que existan necesariamente dos etapas de déficit de ciclo vital (al comienzo y al final), mientras que la edad activa se caracterizaría por un superávit. Por ello, deben existir mecanismos que permitan la redistribución de recursos, bien intertemporalmente (de cada individuo a sí mismo en las diferentes etapas) o bien intergeneracionalmente (de los activos a los niños y los mayores).

El Estado del Bienestar como sistema de transferencias intergeneracionales

El Estado del Bienestar es el conjunto de políticas públicas destinadas a redistribuir la renta entre los ciudadanos y garantizar un nivel de vida mínimo a todos ellos. De entre ellas destacan, en términos presupuestarios, los sistemas de pensiones, la sanidad y la educación. Existe una variedad de otros programas de gasto social, si bien su importancia cuantitativa es en general mucho menor (cuidados de larga duración, prestaciones por desempleo, ayudas a la vivienda, etc.). No es difícil apreciar que las tres grandes políticas mencionadas son claramente dependientes de la composición por edades de la población (pensiones y sanidad van fundamentalmente dirigidas a personas mayores, mientras la educación a los más jóvenes). Sin embargo, los ingresos provenientes de cotizaciones sociales o de impuestos generales provienen es su mayor parte (exceptuando los impuestos sobre el consumo), de la población en edad de trabajar. De manera que, en conjunto, estos programas constituyen fundamentalmente un sistema solidario de transferencias entre las diferentes generaciones que conviven en cada momento, fuertemente condicionado por el tamaño relativo de cada grupo de edad.

A principios de los 2000, se inició en EE.UU. un ambicioso proyecto a nivel internacional dirigido a construir las Cuentas Nacionales de Transferencias (NTA). Se trata de elaborar, para cada país y cada año, una desagregación por edad de la Contabilidad Nacional. De esta manera, se dispone de valiosísima información sobre cómo se producen los flujos de recursos entre los diferentes grupos de edad en cada período, estimando también los movimientos de recursos entre grupos de edad dentro de las propias familias. Actualmente, se dispone de las NTA, al menos para un año, para cada uno de los más de 50 países que participan en este proyecto.

La necesidad de repensar el Estado del Bienestar: mirando al pasado para afrontar el futuro

Los primeros precedentes de políticas de bienestar datan de finales del siglo XIX e inicios de XX, si bien el desarrollo propiamente dicho del Estado del Bienestar se produce después de la Segunda Guerra Mundial (un poco más tarde en los países del Sur de Europa como España y Portugal). Obviamente, las condiciones sociales, económicas y demográficas eran muy diferentes a las actuales. Sin ir más lejos, entre 1909 y 2009 la esperanza de vida al nacer se incrementó en España ni más ni menos que 40 años, de los cuales, prácticamente 20 se ganaron desde 1950. No es de extrañar pues, que los expertos comiencen a hablar de la necesidad de redefinir el concepto de vejez. El retraso en la edad de incorporación al mercado laboral, gracias a la mejora de la educación, no es menos relevante. Se trata sin duda de dos grandes avances a celebrar, si bien sus consecuencias en la definición de ciclo vital mencionada anteriormente son directas: se alargan visiblemente las dos etapas de dependencia económica (niñez y vejez), mientras la edad activa se reduce dado su inicio más tardío.

Este proyecto aborda el análisis de las políticas del Estado de Bienestar y su interacción con el papel de las transferencias familiares a lo largo de la historia. El objetivo es mirar al pasado, analizando la evolución a lo largo de la historia que nos permita extraer lecciones para afrontar con éxito los retos que nos plantea el futuro. La aproximación ha de ser necesariamente multidisciplinar, y por ello el equipo está conformado por expertos en Demografía, Economía, Historia y Política. Por otra parte, se hará un análisis no sólo para el caso español, sino también Portugal y EE.UU., en colaboración con investigadores de ambos países.

 

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Concepcion Patxot Cardoner
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