El cuidado como prioridad pública: una prueba de madurez para las sociedades longevas
Una sociedad no se mide solo por su esperanza de vida, sino por lo que ocurre cuando alguien necesita apoyo. Esa es la pregunta incómoda —y decisiva— que atraviesa el estudio El Derecho al Cuidado y la Economía de los Cuidados en España, presentado por el CENIE en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. El mensaje de fondo es claro: los cuidados no pueden seguir siendo un asunto privado resuelto, casi por inercia, dentro de los hogares. En sociedades longevas, el cuidado es una política de país.
Del hogar a la agenda pública
Durante demasiado tiempo, los cuidados han sido narrados como algo natural, familiar, femenino y barato. Pero esa narrativa es engañosa. Cuando el cuidado no se financia, no se ordena y no se reconoce, su coste no desaparece: se desplaza. Y lo hace hacia las familias —en particular hacia las mujeres—, hacia las personas cuidadoras, hacia quienes viven en situación de dependencia, hacia las empresas y, en último término, hacia el conjunto de la sociedad.
La longevidad es una de las mayores conquistas sociales de nuestro tiempo. Pero convertirla en bienestar compartido exige reorganizar los apoyos a la autonomía, la atención a la dependencia, la vida familiar, los tiempos de trabajo y los tiempos de cuidado. El cuidado es, en este sentido, una de las grandes pruebas de madurez del Estado del bienestar.
Hablar de cuidados es hablar de derechos
El estudio presentado por el CENIE propone situar el cuidado en el centro del debate público desde una doble mirada: jurídica y económica. No se limita a afirmar que los cuidados importan: ofrece marco, evidencia, diagnóstico y propuestas para avanzar hacia un sistema más justo, más inteligente y más humano.
Porque hablar de cuidados es hablar también de derechos, igualdad, cohesión social, territorio y futuro. Implica preguntarse qué derechos deben protegerse, qué responsabilidades deben distribuirse, qué desigualdades deben corregirse y qué inversión social resulta necesaria para que el cuidado deje de ser una carga silenciosa y se convierta en infraestructura básica de bienestar.
Una mirada ibérica en el marco de IBERLONGEVA
La presentación permitió situar el estudio dentro de la lógica de IBERLONGEVA, proyecto que promueve una cooperación ibérica y europea para afrontar, desde los territorios, algunos de los grandes desafíos asociados al cambio demográfico. En este contexto, el trabajo sobre España se verá complementado con un estudio específico sobre Portugal, impulsado por el Conselho Económico e Social, con el objetivo de poner ambos diagnósticos en diálogo y construir una mirada ibérica más completa sobre el reto de los cuidados en sociedades longevas.
Esta dimensión comparada es clave: las sociedades longevas no necesitan solo diagnósticos nacionales, sino aprendizajes cruzados, evidencia compartida y soluciones adaptables. La longevidad se vive en territorios concretos, pero el desafío es común.
Del diagnóstico a la conversación pública
La jornada en el Círculo de Bellas Artes estuvo orientada a abrir conversación pública y ampliar miradas: contexto, perspectiva internacional, resultados del estudio, diálogo social y reflexión institucional. Participaron Carmen Hernández, subdirectora general de Cooperación Territorial Europea; Jacek Barszczewski, de la OCDE; los profesores Ignacio Álvarez y Jorge Uxó, codirectores del estudio; Rosa Martínez, secretaria de Estado de Derechos Sociales; Luís Pais Antunes, presidente del Conselho Económico e Social de Portugal; Brenda Navarro, escritora, socióloga y economista; y Pablo Bustinduy, ministro de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030.
La presencia de perfiles diversos no fue un detalle protocolario: fue coherente con la idea central del estudio. El cuidado no es solo sanitario. No es solo social. No es solo familiar. Es una arquitectura de país que atraviesa economía, cultura, derechos, empleo y organización comunitaria.
Una conclusión civilizatoria
Con esta presentación, el CENIE refuerza su compromiso con una visión de la longevidad entendida no como amenaza, sino como oportunidad para repensar instituciones, políticas públicas y formas de organización social. Una sociedad madura no es la que vive más años, sino la que responde mejor cuando una persona necesita apoyo y la que garantiza que ese apoyo se preste en condiciones de dignidad.
El cuidado debe ser una prioridad pública, una base de igualdad, una inversión social y una condición de dignidad. No es un asunto secundario ni un apéndice asistencial: es uno de los pilares de las sociedades longevas que queremos construir.
Si el cuidado es la gran prueba de madurez de una sociedad longeva, ¿qué debería cambiar primero: la financiación, la organización del sistema o la cultura social que lo sigue considerando “familiar”?