27/06/2026

Formar para cuidar: empleo, profesionalización y calidad

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El futuro de los cuidados no dependerá solo de cuánto invirtamos, de qué tecnologías adoptemos o de cuántos servicios seamos capaces de desplegar. Dependerá, sobre todo, de las personas que cuidan. De su preparación, de sus condiciones laborales y de la posibilidad de construir una trayectoria profesional reconocida en un sector que sostiene la autonomía, la dignidad y la vida cotidiana de millones de personas.

Cuidar exige humanidad, pero la humanidad no sustituye al conocimiento. La buena voluntad es imprescindible; la improvisación no puede ser el modelo. En sociedades longevas, formar mejor a quienes cuidan no es una cuestión secundaria: es una condición para cuidar mejor.

Un sector esencial que necesita profesionales

Los cuidados constituyen ya uno de los grandes sectores de empleo en España. El estudio del CENIE El Derecho al Cuidado y la Economía de los Cuidados en España estima que cerca de 1,3 millones de personas trabajaban en 2024 en actividades relacionadas con los cuidados, alrededor del 6% del empleo nacional. El 87% eran mujeres. Sin embargo, la importancia social del sector sigue sin corresponderse con el reconocimiento de quienes trabajan en él: presenta tasas elevadas de temporalidad y parcialidad, salarios inferiores a la media y una profesionalización desigual.  

La cuestión no es solo corregir una injusticia presente. Es también anticipar una necesidad futura. De aquí a 2030 podrían requerirse más de 260.000 profesionales adicionales incluso en un escenario continuista, y más de 400.000 si se pretende alcanzar una cobertura universal de los servicios del Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia.  

No basta, por tanto, con decir que harán falta más personas. Hay que preguntarse cómo accederán al sector, cómo se formarán, qué competencias les serán reconocidas y qué posibilidades tendrán de permanecer en él sin agotarse o abandonarlo.

Profesionalizar no es deshumanizar

Existe cierta resistencia a hablar de profesionalización cuando hablamos de cuidados. Como si formar, acreditar o establecer procedimientos pudiera enfriar una actividad profundamente relacional. Pero profesionalizar no significa convertir el cuidado en una sucesión de protocolos. Significa ofrecer herramientas para responder mejor a situaciones complejas.

Cuidar requiere conocimientos técnicos, pero también capacidades relacionales: escuchar, observar, respetar decisiones, reconocer cambios, acompañar sin sustituir la autonomía. Exige comprender que una persona no es solo un conjunto de necesidades, sino una biografía, unas preferencias y un proyecto propio.

La formación no elimina la dimensión humana del cuidado. La protege. Permite que la empatía no dependa del voluntarismo y que la atención no quede expuesta a la improvisación, al cansancio o a la ausencia de criterios compartidos.

La formación como puerta, no como barrera

Uno de los principales desafíos consiste en diseñar itinerarios formativos capaces de responder a trayectorias muy distintas. Hay personas jóvenes que buscan su primera cualificación, profesionales procedentes de otros sectores, trabajadoras con años de experiencia no acreditada y personas migrantes que poseen competencias valiosas, pero encuentran dificultades para que sean reconocidas.

Un sistema demasiado rígido puede dejar fuera precisamente a quienes ya saben cuidar. Uno demasiado laxo puede comprometer la calidad. La respuesta no está en rebajar exigencias, sino en construir caminos más accesibles, modulares y flexibles, que permitan aprender, actualizar conocimientos y acreditar la experiencia adquirida.

Reconocer competencias no significa regalar títulos. Significa evaluar con rigor lo que una persona sabe hacer y evitar que años de trabajo permanezcan administrativamente invisibles.

Calidad en el empleo, calidad en el cuidado

No puede haber cuidados de calidad sostenidos sobre empleos precarios. La rotación constante impide construir vínculos; los horarios fragmentados dificultan la continuidad; la sobrecarga aumenta el riesgo de errores; los salarios insuficientes expulsan experiencia y talento.

El informe del CENIE insiste en una relación que debería parecer evidente: la calidad de cualquier sistema de cuidados depende de la calidad del empleo. Mejorar salarios, reducir temporalidad y parcialidad, reforzar la formación y proteger la salud laboral no son medidas separadas de la atención. Forman parte de ella.  

Cuando cuidamos a quienes cuidan, también estamos cuidando a quienes reciben apoyo.

Una conversación necesaria en El Escorial

Con este horizonte, el IMSERSO organiza los días 13 y 14 de julio de 2026, dentro de los Cursos de Verano de la Universidad Complutense de Madrid, el curso Itinerarios formativos para los profesionales de los cuidados. Calidad en el empleo y profesionalización del sector.

El encuentro abordará las barreras de acceso al empleo, la acreditación de competencias, la necesidad de itinerarios formativos más estructurados y flexibles, los cambios normativos vinculados al nuevo certificado profesional en cuidados y asistencia personal y los avances de la Ponencia Técnica de Calidad del SAAD. También incorporará experiencias nacionales e internacionales sobre formación, organización del trabajo e innovación en la atención.  

No se trata solo de un curso sobre formación. Es una conversación sobre el modelo de cuidados que queremos construir. Porque decidir cómo preparamos, reconocemos y protegemos a sus profesionales es decidir también qué calidad de atención consideramos digna.

Del empleo de paso a la trayectoria profesional

Durante demasiado tiempo, una parte del trabajo de cuidados ha sido tratado como empleo de entrada, de transición o de último recurso. Esa mirada resulta incompatible con su complejidad y con su creciente importancia.

El futuro exige transformar puestos frágiles en trayectorias profesionales: con formación inicial, aprendizaje continuo, reconocimiento de la experiencia, posibilidades de especialización y condiciones que permitan permanecer en el sector.

Las sociedades longevas necesitarán más profesionales. Pero, sobre todo, necesitarán profesionales reconocidos, preparados y escuchados. La cantidad importa. La calidad decide.

INFORMACIÓN PRÁCTICA

El curso se celebrará los días 13 y 14 de julio de 2026 en el Hotel Dorma Victoria Palace de San Lorenzo de El Escorial, dentro del Programa de Cursos de Verano de la Universidad Complutense de Madrid. Está abierto a personas interesadas y dirigido especialmente a profesionales de los servicios sociales, personal de las administraciones públicas y personas vinculadas a entidades privadas o del tercer sector. El programa y la información de inscripción están disponibles en la página oficial del curso.  


¿Qué necesita una persona para convertir el cuidado en una profesión con futuro y no en un empleo del que escapar?