Sociedad · 11 Octubre 2018

Comunidades rurales ¿donde están sus oportunidades?

Por admin
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Los adultos mayores son miembros valiosos de las comunidades rurales y deben ser apoyados en su deseo de envejecer en sus casas. Sin embargo, el envejecimiento en las zonas rurales conlleva desafíos y oportunidades únicas. Si bien las comunidades rurales albergan una mayor proporción de residentes mayores, también brindan menos servicios que las comunidades urbanas.

A la mayoría de los adultos mayores les gustaría permanecer en sus hogares y comunidades, pero los cambios físicos provocados por el envejecimiento pueden afectar su capacidad para envejecer con éxito. Además, muchos adultos mayores están agobiados por el coste de pagar su vivienda y la falta de ayudas por parte del Estado. Las personas mayores de los medios rurales que no pueden quedarse en sus propios hogares por razones físicas o financieras tienen menos opciones de alojamiento y alquiler que las personas mayores que viven en áreas urbanas.

Hay algunas opciones para ayudar a aliviar los problemas de vivienda en las zonas rurales, incluidas las hipotecas revertidas, las comunidades de viviendas prefabricadas de propiedad de los residentes, los cohousing, y las instalaciones de vivienda asistida. Sin embargo, estas pueden tener un coste prohibitivo para los adultos mayores de bajos ingresos. Además de las dificultades para pagar la vivienda y la escasez de viviendas en las zonas rurales, si un adulto mayor tiene limitaciones físicas, puede encontrar que su vivienda no es adecuada para vivir de forma independiente. Es importante poder transformar hogares y comunidades para que las personas mayores puedan envejecer con opciones.

La mayor proporción de ancianos en los municipios rurales más pequeños crea desafíos para la financiación de los servicios sociales, especialmente aquellos financiados con impuestos locales. Si bien es cierto que estos municipios pueden tener que gastar menos en servicios para los jóvenes, los presupuestos de gastos no modifican rápidamente las líneas de gasto; por ejemplo, la transición de los gastos destinados a escuelas, ahora vacías, a otros conceptos. Los municipios más pequeños, que tienen un grupo limitado de mano de obra local, también tienen dificultades para contratar personas para brindar atención médica y otro tipo de apoyo social a los ancianos.

Este problema adquiere una complejidad adicional si se observa la proporción de los mayores de 75 años. Gran parte de la población rural en los municipios más pequeños se encuentra en este grupo de edad, y más de un tercio, de este grupo, vive solo. Sin personas que los ayuden, esta población se vuelve extremadamente vulnerable a la pobreza y el aislamiento.

¿Entonces, qué puede hacerse? Las grandes diferencias en las tasas de dependencia de la vejez entre las comunidades urbanas y rurales se deben principalmente a la emigración, una gran parte de la cual refleja la migración interna debida al éxodo hacia las ciudades y grandes urbes. Es importante que los responsables políticos tengan en cuenta que si bien la emigración, especialmente la migración interna a las áreas urbanas, es un producto natural del desarrollo, las altas tasas de dependencia de la vejez en los entornos rurales son a menudo el coste de ese desarrollo económico.

Como primera cosa, estos responsables políticos deben reconocer esta carga y considerar formas de compartirla de manera más equitativa.

En segundo lugar, se podría hacer mucho más para reducir la inercia en el gasto público, de modo que el dinero público pueda pasar de los servicios sociales que están infrautilizados a aquellos que tienen mayor demanda, recuperando técnicas presupuestarias, como las del “presupuesto cero”, que permitan repensar el destino del gasto público.

En tercer lugar, muchas ciudades y municipios más pequeños están probando formas de hacerse más atractivos como lugares para vivir y trabajar. Estos esfuerzos merecen una evaluación cuidadosa y la ampliación de las medidas que favorezcan su viabilidad.

Cuarto, se podría alentar el voluntariado entre la población de mayor edad y los grupos de autoayuda basados ​​en la comunidad para fortalecer el tejido social y reducir la dependencia de la comunidad de la disponibilidad de los jóvenes trabajadores de servicios.

Finalmente, vale la pena examinar cómo los servicios para las personas mayores, especialmente para aquellos que viven solos, se pueden brindar de manera más eficiente, incluso a través del uso de la tecnología. Muchos pasan algunas horas solos todos los días entre el momento en que su cuidador se va y cuando un miembro de la familia puede verlos por la noche. Ejemplos como el de utilizar un dispositivo muy simple que dispense sus medicamentos en una bandeja, puede ser una solución tan sencilla como práctica. Consiste en que si no se levanta el medicamento de la bandeja (es decir, se olvida de tomarlo), hay un sensor que se activa y el dispositivo, que está conectado al teléfono, llama a un familiar. Esta tecnología simple ayuda con el cuidado sin necesidad de un cuidador, por ejemplo.

Soluciones al alcance de todos que pueden y ser implementadas para que nuestros mayores puedan envejecer con una mayor igualdad de condiciones.

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