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La acción comunitaria: la respuesta más humana frente a la soledad
Hay heridas sociales que no se curan con fármacos.
La soledad no deseada es una de ellas. No siempre se ve, pero se siente en las calles vacías, en los portales silenciosos, en los hogares donde el tiempo pasa sin testigos. Frente a ella, el CENIE ha impulsado una respuesta sencilla y transformadora: la acción comunitaria como herramienta para prevenir el aislamiento y devolver a las personas mayores su derecho a la compañía, la participación y el sentido de pertenencia.
En 2025, el proyecto SOLiEDAD, dirigido por Elisa Sala e impulsado desde la Escuela Universitaria de Enfermería de Zamora, ha seguido consolidándose como una experiencia viva y en expansión, capaz de unir investigación científica, compromiso cívico y acción intergeneracional. Lo que comenzó como un estudio piloto se ha convertido en un modelo de comunidad que cuida, reconocido por su rigor metodológico y por su impacto social.
De la investigación a la acción
El proyecto nació con una hipótesis clara: la soledad no deseada no se resuelve con recursos asistenciales, sino con presencia significativa y vínculos sostenidos.
Desde su primera edición, la investigación dirigida por Elisa Sala demostró que la prevención del aislamiento depende menos de los grandes sistemas institucionales y más de la capacidad de los territorios para reconectarse consigo mismos: vecinos que se reconocen, jóvenes que se implican, profesionales que acompañan.
El equipo investigador, formado por docentes, enfermeras, trabajadoras sociales y estudiantes, ha mantenido en 2025 una dinámica constante de participación ciudadana en Zamora, extendiendo su metodología a entornos rurales y urbanos. El estudio ha demostrado que las redes de confianza y apoyo —tejidas desde lo local— reducen los factores de riesgo asociados a la soledad crónica y mejoran la salud emocional y funcional de las personas mayores .
Lo que dicen los datos… y lo que enseña la vida
Los resultados del Barómetro de la Soledad No Deseada 2024 lo confirman: una de cada cinco personas en España (21,5 %) sufre soledad no deseada, y el 11,8 % vive una soledad crónica prolongada .
Entre las personas mayores de 65 años, el aislamiento se duplica en quienes viven solas o padecen problemas de salud mental. La soledad, señala el informe, no depende solo del número de relaciones, sino de su calidad: la falta de relaciones significativas multiplica por tres el riesgo de sentirse solo.
En este contexto, SOLiEDAD se ha convertido en un laboratorio vivo de intervención, centrado en transformar la información en acción comunitaria. A través de talleres, visitas domiciliarias, grupos de conversación y redes de voluntariado intergeneracional, el proyecto ha demostrado que el acompañamiento constante —no episódico— cambia la percepción de bienestar y pertenencia.
Zamora: territorio pionero
La Escuela Universitaria de Enfermería de Zamora ha sido la piedra angular del proyecto.
Desde allí, se ha formado y coordinado un grupo intergeneracional que vincula a estudiantes de enfermería, profesionales sanitarios y personas mayores del entorno. Su labor ha inspirado nuevas vocaciones, nuevas redes y una nueva comprensión del cuidado.
“Cada conversación puede ser un acto preventivo”, resume Elisa Sala. Bajo esa convicción, la Escuela ha consolidado en 2025 un modelo estable de aprendizaje-servicio, en el que los estudiantes aplican en la práctica los principios de la enfermería comunitaria y la salud relacional: escuchar, observar, acompañar, crear confianza.
El proyecto ha trascendido el ámbito sanitario para transformarse en un movimiento social: vecinos que se convierten en mediadores de barrio, jóvenes que acompañan a personas mayores a actividades culturales, asociaciones que redescubren su papel como agentes de bienestar.
Una experiencia reconocida
El enfoque de SOLiEDAD se alinea plenamente con la Estrategia Estatal para un Nuevo Modelo de Cuidados en la Comunidad (2024-2030), que plantea la necesidad de pasar del asistencialismo a la prevención comunitaria y la vida en red .
En este sentido, el proyecto zamorano ha sido reconocido como experiencia ejemplar de desinstitucionalización preventiva, demostrando que la acción local puede anticipar políticas nacionales.
Además, la continuidad del programa durante 2025 ha permitido mantener una base de datos longitudinal sobre percepción de bienestar, hábitos de participación y evolución emocional de las personas acompañadas. Estos datos se integrarán en 2026 en el Observatorio OLAS del CENIE, fortaleciendo su componente social y comunitario.
La comunidad como antídoto
Si la soledad es un síntoma, la comunidad es la medicina.
Elisa Sala lo ha expresado en más de una ocasión: “Cuidar no es solo atender; es compartir presencia, escuchar silencios, sostener miradas.”
Esa filosofía, que combina la precisión científica con la ternura profesional, ha inspirado a un nuevo grupo de estudiantes que ven en la enfermería comunitaria una forma de transformar realidades, no solo de tratarlas.
Gracias al impulso continuado de la Escuela de Enfermería de Zamora, el proyecto ha crecido sin perder su esencia: la cercanía. Cada barrio participante se ha convertido en un espacio de convivencia donde la soledad deja de ser un destino inevitable para convertirse en una causa común.
Un legado que se multiplica
SOLiEDAD no solo ha generado resultados medibles, sino un cambio cultural.
Ha mostrado que la prevención del aislamiento no depende de grandes estructuras, sino de pequeñas decisiones compartidas.
Que el cuidado no pertenece exclusivamente a los profesionales, sino también a la ciudadanía.
Y que la investigación, cuando se enraíza en el territorio, puede cambiar la manera en que una sociedad se relaciona consigo misma.
Por todo ello, el CENIE reconoce este proyecto como uno de sus Destacados del Año 2025: por convertir la ciencia en vínculo, la soledad en oportunidad y la comunidad en esperanza.