Categoría
30/01/2026

La longevidad también se hereda: los genes explican el 55% de la esperanza de vida

h

Un estudio publicado en Science sugiere que la esperanza de vida humana es más hereditaria de lo que se estimaba. 

Además de la forma de la nariz, el tipo de pelo o un particular color de ojos, en buena medida, la longevidad también se puede heredar. Lo muestra un nuevo estudio publicado este jueves en la revista Science, que evidencia que en nuestros genes está escrita, en gran parte, nuestra esperanza de vida. 

Mientras repasa las edades que alcanzaron sus ancestros, le contamos los detalles de este trabajo, dirigido por Ben Shenhar, del Weizmann Institute of Science (Israel), que ha llegado a la conclusión de que la contribución de la genética a la longevidad es mayor de lo que hasta ahora se había estimado. 

Si hasta ahora, la mayoría de los estudios sugerían que en torno al 25% de nuestro tiempo de vida estaba determinado por la secuencia de ADN que poseemos, el nuevo trabajo dobla ese cálculo y sitúa en el 55% el porcentaje determinado genéticamente. 

"La investigación se basa en calcular la longevidad en gemelos que comparten el mismo ADN (denominados gemelos monocigóticos) usando complejos modelos estadísticos y computacionales. De forma general obtienen valores de la contribución genética similares a los artículos anteriores, pero cuando se mira en detalle los resultados emerge una nueva idea: si dejamos de contar todas las muertes que se producen por causas externas a enfermedades del cuerpo humano, como serían las muertes violentas en accidentes o homicidios, el contagio de infecciones y exposición a factores ambientales de mucho riesgo para la salud, entonces el componente genético de la larga vida llega al 50%", explica Manel Esteller, líder del Grupo de Epigenética del Instituto de Investigación de Sant Pau, que recientemente publicó un estudio analizando las claves que permitieron a la 'supercentenaria' española Maria Branyas alcanzar los 117 años de edad. 

Por qué envejecer bien también depende de ti: "Las relaciones sociales y una actitud positiva son importantes" La provincia de Ourense se podría convertir en una de las "zonas azules", calificación que se emplea para asignar regiones con un gran número de centenarios. Las pistas genéticas que los investigadores valencianos buscan en la longevidad de los centenarios Para Nir Barzilai, director del Instituto de Investigación sobre el Envejecimiento, un centro que codirige junto a la investigadora española Ana María Cuervo, los resultados de este estudio contribuirán de forma significativa a "romper un dogma" que subestimaba el impacto de la genética en la longevidad. 

Investigaciones previas, también basadas en estudios en gemelos, mostraban que cada gemelo tenía una expectativa de vida diferente, pero estos estudios no distinguían entre mortalidad intrínseca, la atribuible a causas biológicas internas; y mortalidad extrínseca, como infecciones, accidentes o exposición a riesgos ambientales, señala el investigador. Al tener en cuenta esta diferenciación, el impacto de la genética se aprecia más claramente, indica. 

Barzilai subraya que los datos del el estudio que su centro de investigación está llevando a cabo con 750 personas centenarias y sus familias sugieren que la genética cumple un papel clave en estos casos. Si tus dos padres son centenarios, tienes una mayor probabilidad estadística de alcanzar una extensión de la esperanza de vida del 24% sobre la población en la que vives, señala. 

Este porcentaje ronda el 13% si solo uno de tus progenitores es centenario y se sitúa en el 7% si uno de tus abuelos es centenario, continúa el investigador, que recuerda que eso supone que, si cumples alguna de esas premisas, tienes más posibilidades de superar, respectivamente los 100, los 93 o los 85 años si vives en un entorno en el que la esperanza de vida es de 80 años. 

De cualquier manera, el investigador recuerda que "la genética no es determinante, sino que se modula por el entorno". 

Se pronuncia en la misma línea Esteller, que apunta que, aunque las conclusiones del trabajo son interesantes, "cabe considerar que algunas de las causas de muerte que se excluyen podrían tener también orígenes genéticos, como la predisposición a sufrir infecciones graves o a las conductas personales de riesgo". 

Además, añade, "como los mismos autores apuntan, existe un 50% de nuestra longevidad que no es genético. Lo que hacemos en nuestro día a día importa. Nuestra actividad va modificando químicamente el riesgo de morir actuando sobre nuestras células, en buena parte por los mecanismos epigenéticos". 

De cualquiera manera, tanto Esteller como Barzilai apuntan que la investigación "también supone un estímulo para estudiar qué variantes de genes específicos están asociadas a la longevidad y pensar formas de actuar a nivel de esos genes con futuros fármacos anti-envejecimiento". 

 

Fuente original: El Mundo