Envejecer bien también es un deporte de equipo
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¿Por qué seguimos midiendo el envejecimiento saludable casi exclusivamente en términos de rendimiento físico? Pasos diarios, fuerza de agarre, VO2 máx. Son datos útiles, no lo niego. Pero se nos escapa algo cuando reducimos la vejez a una cuestión de marcadores biológicos.
La I Olimpíada del Envejecimiento Saludable se celebra este próximo 19 de septiembre en Chantada, un municipio de la provincia de Lugo en plena Ribera Sacra. Lo que me atrapó justamente de esta iniciativa gallega es que pone en el mismo podio una carrera y una partida de dominó. Y no como un gesto simpático o una simple "actividad para mayores", sino como una declaración de intenciones. Envejecer bien no es solo mantener el cuerpo en marcha, es mantener el lugar que uno ocupa en la vida de los demás y en la suya propia.
Pienso en mi propia experiencia con mis abuelos. No recuerdo con precisión ninguna conversación "importante" que tuviéramos. Recuerdo, eso sí, las partidas de parchís, las comidas de los domingos, las meriendas improvisadas, los silencios entre nosotros mientras veíamos la tele. Ese tipo de tiempo compartido no deja titulares. No genera estudios longitudinales fáciles de citar. Solo la sensación de seguir formando parte de algo.
Pienso también en Esperanza Cortiñas, la madrina de estas primeras Olimpiadas de longevidad en Chantada, que a sus 109 años representa mejor que cualquier estadística lo que significa envejecer. Su sola presencia en la jornada dice más sobre longevidad que cualquier indicador.
Creo que ahí está la trampa en la que caemos a menudo cuando hablamos de longevidad, también yo cuando escribo sobre el tema semana tras semana, convertimos el envejecimiento saludable en una lista de tareas individuales, como si fuera una cuestión de fuerza de voluntad, de responsabilidad exclusivamente propia. Y lo es, pero solo en parte.
Lo que Chantada propone es otra cosa, que el envejecimiento saludable no se sostiene en solitario. Se hace en comunidad, en territorio, en vínculos que cruzan generaciones. Y eso cambia radicalmente dónde ponemos el foco. Ya no se trata solo de qué hace cada persona mayor por su propia salud, sino de qué construye una comunidad entera para que envejecer en ella merezca la pena: buenos hábitos, ética del cuidado, empoderar a los mayores desde que son jóvenes.
Hay algo casi radical en organizar una jornada donde una mujer de 109 años sea madrina junto a niños que apenas tienen seis años. Es una forma de decir, que la vejez no es una etapa aparte, aislada, gestionada por especialistas y familiares, sino que es algo que empieza mucho antes. Cuidar cómo queremos envejecer es cosa de todos y empieza desde hoy mismo y a cualquier edad.
Y ahí está el gesto más inteligente de esta propuesta: no exige un cuerpo entrenado ni una condición física concreta para participar. Cabe quien corre y quien camina despacio, quien lanza un peso y quien prefiere mover fichas de dominó, quien tiene 8 años y quien tiene 90. Es una competición pensada para que nadie quede fuera por edad, por capacidad o por ritmo. Esa es, para mí, la verdadera hazaña, que "olimpiada" deje de sonar a exclusión y empiece a sonar a sitio para todos.
Así que, si alguien se anima y le gusta estar rodeado de un ambiente natural, de un paisaje increíble, de degustar un buen vino en buena compañía, de escuchar a gente interesante, de hacer deporte y actividades como el ajedrez o el dómino y de compartir ilusiones y experiencias… Anota la fecha en tu calendario: El próximo sábado, 19 de septiembre, en Chantada. Aún quedan plazas para apuntarse a La I Olimpiada del Envejecimiento Saludable.
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