El mapa de la longevidad y la esperanza de vida saludable en España, un reto de desigualdades
España se sitúa hoy como uno de los referentes mundiales en longevidad, consolidando una tendencia de crecimiento sostenido solo interrumpida temporalmente por el impacto de la pandemia de COVID-19. En las dos últimas décadas, la esperanza de vida al nacer ha aumentado de forma significativa: alrededor de 2,5 años en las mujeres y 4,5 en los hombres respecto a los 84,2 y 77,7 años, respectivamente, registrados en 2006. Sin embargo, este avance no ha sido homogéneo en todo el territorio, ya que existen diferencias relevantes entre comunidades autónomas tanto en la esperanza de vida como en la esperanza de vida saludable. Este éxito demográfico plantea así un doble desafío: garantizar que los años ganados se vivan con buena salud y reducir las desigualdades territoriales.
El aumento de la longevidad en España convive con importantes diferencias territoriales en la cantidad y la calidad de vida durante esos años adicionales. Los datos de la Encuesta de Salud de España (ESdE) permiten ir más allá de la cifra total de años vividos y analizar si vivimos más y con mejor salud, así como la evolución de estas dimensiones entre 2006 y 2023. Al incorporar también la información de las encuestas de salud de 2012 y 2017, disponemos de una serie histórica sólida para examinar la evolución de la esperanza de vida saludable en España y sus comunidades autónomas. El análisis temporal y territorial dibuja una geografía de la salud marcada por importantes contrastes regionales.
Hemos analizado la esperanza de vida saludable a los 45 años de hombres y mujeres a partir de dos indicadores de salud: la presencia de enfermedades crónicas y la limitación para realizar actividades cotidianas. Este enfoque refleja el proceso de discapacidad (Verbrugge y Jette 1994), en el que la salud no se deteriora de golpe, sino que es el resultado de un proceso que comienza con la aparición de la enfermedad, pasa por una limitación funcional y concluye en discapacidad.
En primer lugar, si dibujáramos un mapa de España basado en la esperanza de vida a los 45 años en 2023, el resultado sería un mosaico con contrastes muy marcados, ya que la diferencia entre la comunidad con la esperanza de vida más alta y la que tiene la más baja es de hasta 3 años. Las zonas de mayor longevidad se concentran en el centro y norte de la Península, en la que Madrid es la comunidad autónoma donde más se vive después de los 45 años (42,6 años en hombres y 47,7 años en mujeres). A ella le siguen de cerca Navarra, el País Vasco y Castilla y León. En el sur se encuentran las regiones con las cifras de supervivencia más discretas: Andalucía, Murcia y Canarias. En todos los casos, las mujeres viven más años que los hombres, situándose alrededor de los 5 años la brecha de género.
En lo que se refiere a las diferencias regionales de esperanza de vida saludable, estas varían en función del indicador considerado. En 2023, más de la mitad de los años esperados de vida después de los 45 fueron con enfermedades crónicas. Los mejores resultados para las mujeres se obtuvieron en Cataluña y Cantabria, con un 43 % y un 41 % de años esperados de vida sin enfermedad crónica, respectivamente, mientras que en Murcia este porcentaje fue de apenas un 30 %. Los hombres pasaron hasta el 52 % de sus años esperados de vida sin enfermedades crónicas en Cataluña y el 47 % en Navarra, en contraste con los hombres de Murcia o Canarias, con solo el 36 % y el 39 %. La limitación funcional aparece a edades más avanzadas, por lo que la proporción de vida sin limitación de la actividad a los 45 años es mayor, sobre todo entre los hombres. Esta proporción sin limitaciones es más elevada en Baleares (71 %), Castilla y León, el País Vasco y Navarra (por encima del 66 %), pero cae por debajo del 60 % en Murcia, Extremadura, Galicia y Asturias. Las mujeres presentan proporciones significativamente inferiores. Solo en Madrid, Castilla y León, el País Vasco, Navarra y Cantabria se superó el 56 %. En el extremo opuesto, se espera que las mujeres de Extremadura y Galicia vivan menos del 40 % de su tiempo restante libres de limitaciones. Por lo tanto, actualmente las mujeres viven más años que los hombres, pero también viven más años en mala salud, con cualquiera de los dos indicadores y en todas las comunidades autónomas. En líneas generales, vemos que, de forma parecida a la longevidad, los mejores resultados en esperanza de vida saludable se observan en las comunidades del noroeste junto con Madrid y Castilla y León y los peores en el sur peninsular y Canarias.
Al analizar la evolución de estos indicadores de salud desde 2006, se observa un panorama contradictorio, ya que ha habido aumentos de la esperanza de vida libre de enfermedades crónicas, pero no siempre se han traducido en una disminución de la limitación de la actividad. Por un lado, España ha demostrado una notable capacidad para contener el avance de la cronicidad. Los años esperados de vida con enfermedades crónicas se han reducido en Andalucía, Cantabria, Cataluña y Madrid, mientras que la mayoría de las comunidades restantes han mantenido la estabilidad. Sin embargo, este éxito contrasta con las tendencias observadas en la esperanza de vida con limitación de la actividad. En este ámbito, los resultados son peores: ninguna comunidad autónoma registra una mejora clara y, de hecho, un grupo numeroso de comunidades, entre las que se encuentran Aragón, Asturias, Extremadura y, en el caso de las mujeres, también Canarias, Galicia y Murcia; y Castilla y León y el País Vasco, en el caso de los hombres, experimentan cómo el aumento de la longevidad se traduce en un incremento paralelo de los años vividos con limitaciones. Solo comunidades como Cataluña, la Comunidad Valenciana o Navarra se mantienen estables, lo que evidencia que el verdadero desafío actual no es solo sobrevivir a la enfermedad, sino evitar que derive en una pérdida de autonomía en la vida diaria.
En definitiva, el mapa de las esperanzas en buena y mala salud en España muestra un éxito aún por completar. Si bien hemos conquistado el tiempo, la autonomía personal sigue siendo un reto pendiente que depende del lugar de residencia y del sexo. Los datos confirman que no basta con añadir años a la vida si estos transcurren bajo el peso de la limitación funcional, por lo que el desafío de las políticas públicas para las próximas décadas debe centrarse en la equidad regional y en el fortalecimiento de la atención primaria y la prevención (Rentería y Zueras, 2022). Se trata de lograr que la longevidad deje de ser una simple cifra para traducirse en vida saludable y que vivir más signifique también vivir mejor de manera homogénea en el conjunto del país.
Referencias
Rentería, E., & Zueras, P. (2022). Macro-level factors explaining inequalities in expected years lived free of and with chronic conditions across Spanish regions and over time (2006–2019). SSM-Population Health, 19, 101152.
Verbrugge, L. M., & Jette, A. M. (1994). The disablement process. Social science & medicine, 38(1), 1-14.
Agradecimientos:
Pilar Zueras - Ayuda RYC2023-042942-I financiada por MICIU/AEI /10.13039/501100011033 y por el FSE+
Elisenda Rentería - Ayudas Ramón y Cajal 2017 del Programa Estatal de Promoción del Talento y su Empleabilidad(RYC-2017-22586), y el proyecto del programa Generación de Conocimiento de la Agencia Estatal de Investigación WELLHEALTHFAM (Ref. PID2023-152779OB-I00).